domingo, 21 de diciembre de 2008
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El camello cojito (auto de los Reyes Mago) de Gloria Fuertes |
miércoles, 17 de diciembre de 2008
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El monstruo sin nombre (Cuento) |
Este es un cuento que aparece en una serie japonesa llamada "Monster"
martes, 16 de diciembre de 2008
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Archísilabos |
¿Y por qué volver a los gastados "nombres" cuando tenemos a mano las denominaciones? A ver quién se contenta con una "característica" si puede pronunciar caracterización, o con un "enunciado" teniendo al lado una enunciación o con un rápido "contraste" estando ya dispuesta la contrastación. Les juego doble contra sencillo a que descubren por todas partes individuos con motivaciones, pero sin apenas "motivos". Ya verán cómo la complementación acaba engullendo al "complemento", la expoliación al "expolio" o la exterminación al "exterminio". Quien esto firma ha escuchado renunciaciones en vez de "renuncias" y hace poco dio un respingo al enterarse de que una empresa había alcanzado una mejorización, que no "mejora", de sus resultados. Rizando el rizo, en cierto impreso oficial se escribe exceptuación para señalar una "excepción".
Los verbos ofrecen un buen pasto a la afición archisilabizadora. Ahora nos prestamos a referenciar, para no ponernos a "referir", "aludir", "citar" o "nombrar", que son términos más humildes por más breves (y, en lugar de lo referido, etc., lo referenciado). O a regularizar, cuando a menudo lo propio sería "regular" y hasta "reglar". O a sobredimensionar, para evitarnos "ampliar" o "exagerar", lo mismo que hay que hostilizar al contrario que hasta ahora noslimitábamos a "hostigar". No nos conformamos con el modesto "formar" lo que haga falta y recurrimos en cambio al conformar (y es que la conformación deja en la boca un regusto más rotundo que "forma"). El comportarse de un modo u otro ha vuelto casi ridículo al "portarse", el desvincular debe prevalecer sobre el "desatar" o "separar" y penalizar exhibe el empaque que le falta a "castigar". ¿Y aún no han oído recepcionar para dar lustre a los trillados "recibir" o "acoger"?
Llevo años indagando el misterio de que la gente, tan poco dada a vicios intelectuales, se pase el día disfrutando en medio de abstracciones como éstas que colecciono. Porque habrán notado que las personas ya no gozamos de "crédito" (salvo del bancario, en todo caso), sino de credibilidad, ni cometemos "faltas", "delitos" o "deslices", sino como mucho irregularidades. Donde antes se palpaba el "peligro", ahora todo se carga de peligrosidad, lo mismo que el pedante ya no relata un "hecho" sino más bien una facticidad. ¿Qué había en nuestra relación personal, afectividad o un simple "afecto"?; y el temblor colectivo que aquel día nos invadió, ¿era de "emoción" o de emotividad? Cuando algún engranaje de nuestro organismo falla, ¿hemos sufrido una "disfunción" o suena mejor una disfuncionalidad? Quizá no me crean, pero hay estiramientos verbales que convierten al "significado" (ya travestido como significación) en pomposa significatividad y al "atractivo" de alguien o de algo en una atractividad irresistible...
No piensen que hemos agotado la cosecha de archisílabos. Se reproducen a diario. Cuando se informa de que una manifestación ciudadana tuvo un seguimiento de tantos miles, quiere decirse que suscitó una "respuesta" o "adhesión" así de numerosa; hay muchas comisiones llamadas de seguimiento porque esta voz le gana en sílabas a "control", que es el cometido encargado a tales comisiones. Tampoco hacemos "méritos", sino merecimientos, unos méritos más largos; y una "acogida" muda con frecuencia en acogimiento. Cualquier "aumento" del número de parados o de algún índice económico queda al instante transformado en incremento. Para no abrumarles, me aceptarán en fin que el adjetivo existente (y no digamos lo realmente existente) o está de más o equivale a "real" y "presente". Claro que mi versión de todo esto, más que "aproximada", resulta tan sólo aproximativa...
Así las cosas, rebosantes de términos ampulosos, nuestros discursos se vuelven a un tiempo más largos de palabras y menos sobrados de ideas. Váyase lo uno por lo otro, dirán los necios, aunque me temo que lo uno busca tan sólo encubrir lo otro.
AURELIO ARTETA 16/12/2008
© Diario EL PAÍS S.L.
jueves, 11 de diciembre de 2008
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¿Por qué un español coge el avión cuando un mexicano nunca lo haría? |
Valenzuela, en concreto, ha reflexionado sobre la pérdida del simbolismo de algunas palabras como "boludo" (tonto) en Buenos Aires, un término que "ha perdido ya su encanto". Y qué decir de los tabúes del español en los distintos países, como en Argentina, ha indicado Valenzuela, donde no son aconsejables términos como "concha" (vagina) o "tortillera" (lesbiana).
En cambio, en México la primera es fácilmente localizable en rocas junto a la orilla del mar, sin posibilidad de goce sexual alguno, y la segunda es una persona que desempeña el noble oficio de fabricar tortillas (tortas) de maíz y harina.
Mexicanos y argentinos comparten algo que les diferencia de los españoles: toman el tren, el taxi y el teléfono, pero no lo cogen. Lo que en España es acción de agarrar o asir, en México y Argentina se entiende como acto sexual.
El machismo hablado
Según Concepción Company, integrante de la Academia Mexicana de la Lengua, en algunos documentos del final de la Colonia en México ya puede verse el cambio de significado. Company ha criticado también que haya "malqueridas" y "malcogidas", pero que no existan sus antónimos ni sus equivalentes masculinos. No obstante, ha hallado más tarde algo de justicia poética en el lenguaje castellano: "Los problemas son masculinos, las soluciones son femeninas".
"El sexo forma parte de la realidad, pero no de la gramática", ha apuntado por su parte el presidente de la Agencia Efe y vicepresidente de la Fundación del Español Urgente (Fundéu), Álex Grijelmo, quien ha instado a no confundir género y sexo, conceptos que la gramática no plasma adecuadamente.
Las oraciones "seis policías detienen a unos atracadores" o "el personal de limpieza del hotel trabaja muy bien" evocan a hombres, en el primer caso, y a mujeres, en el segundo, sin que haya relación entre género y sexo.
Según el escritor y periodista colombiano Daniel Samper, que ha deleitado al público con un humorístico monólogo, hay que saber "cómo gemir adecuadamente en plena cópula para no causar confusión en el otro amante". "Si Freud hubiera ido a conquistar colombianas, hubiera tenido problemas cuando le gritaran '¡Ay papito!'", ha dicho el colombiano. Además, Samper se ha asombrado de que, por la influencia del cine y la televisión en inglés, "algunas ateas hispanoparlantes" se arranquen en pleno éxtasis con un "Oh, my God!" (Oh, Dios mío).
miércoles, 26 de noviembre de 2008
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Monólogo, peformance, escenas teatrales |
20 h. Cafetería ferrocarril 1870 (Plaza Reina Fabiola) en Puerto de Sagunto
Escuela Municipal de Teatro, Formación Actorial y Aula Joven de Teatro
Actuación Musical: Acustic Grove (rock blues)
A cargo de Camí de Nora
No te lo pierdas....
domingo, 23 de noviembre de 2008
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Moza, palurdo, menos guasa |

Los chavales de Cuéntame (TVE-1) empezaron diciendo "macho" (en 1968), de pequeños, y en los últimos capítulos (ya en los setenta) dicen "tío". Las series de época, como ésta, que empieza en el franquismo, ayudan a recordar las palabras que se han dejado de usar, las expresiones y la forma de hablar, pero también reflejan lo que pasaba y pensaba la sociedad de entonces. La falta de libertad de las mujeres ("es una señora decente", "una chica alegre"), el trato despectivo a algunos colectivos, como los homosexuales ("bujarro, marica, pierde aceite"), el lenguaje políticamente incorrecto o incluso la influencia de la política en la forma de hablar se ven en las expresiones y en la entonación. También hay un contraste en el tiempo que se dedicaba a ello y en el ritmo del lenguaje, que era el de la vida. El día a día transcurría más tranquilamente.
Los guionistas y productores de estas series intentan equilibrar la fidelidad lingüística con el uso de un lenguaje que no resulte muy chocante al espectador. ¿Los que más arriesgan? Los que escriben las series que transcurren en años de los que hay testigos vivos, es decir, en casi todo el siglo XX.
"Lo importante es que los personajes hablen conforme a la época en la que está situada la serie, reflejen cómo se pensaba, las actitudes, la visión del mundo que había, o de la mujer, por ejemplo", explica Alberto Macías, uno de los coordinadores de guiones de Cuéntame. "Tenemos cuidado de no utilizar argot o modismos de ahora porque basta con que un solo elemento rechine para que se tenga la sensación de que no es creíble".
Las situadas en el siglo XX se escriben con el corazón. Los guionistas rinden homenaje a la historia que están contando, porque es la de su familia, sus abuelos o sus padres. "Hemos hecho mucho trabajo de documentación pero luego hubo que distanciar el lenguaje un poco para que no chocara demasiado, se ha buscado un equilibrio y una forma de expresión más ágil", explica la coordinadora de guiones de La señora (TVE-1), Virginia Yagüe, autora de la idea original.
La productora ejecutiva de Águila Roja (que empezará pronto a emitir TVE-1), María Penedo, ambientada en la España del siglo XVII, también dice que "no se puede usar aun lenguaje muy fidedigno". "Usamos expresiones de la literatura, pero, aunque está todo muy cuidado, no podemos echar al público con una forma de hablar superantigua".
Un planteamiento parecido se han hecho en Amar en Tiempos Revueltos (TVE-1), que empieza en la posguerra española, según explica su coordinador de guiones, Rodolfo Sirera: "Es una elaboración; a partir de una convención, se establece una pauta de lenguaje. Hay una cierta prevención a que éste suene demasiado antiguo, se intenta captar el espíritu de la época, pero no se fuerza". Antena 3 prepara la versión española de Life on Mars, que se llamará La chica de ayer. El guionista de la versión original, que ha arrasado en el Reino Unido, Ashley Pharoah, dice que "el trabajo más duro de adaptación es encontrar una estructura narrativa dentro de una forma artística completamente distinta. Porque una novela es una experiencia privada y una película o una serie es una experiencia pública".
Los guionistas se inspiran en la literatura, pero los de las series que transcurren en el siglo XX, también en la radio, la televisión, el NODO... Una de las dialoguistas de Amar..., Julia Altares, pone algunos ejemplos. "Está prohibido decir 'vale', que no se usaba, se buscan alternativas como 'de acuerdo'. Tampoco se decía 'tener una depresión', sino 'estar de los nervios' o 'bajo de ánimo'. Y había gran variedad de saludos, sobre todo referidos a Dios, como 'Con Dios' o 'Dios te ampare'. El lenguaje era más formal, más correcto y más ingenuo", dice Altares. Alcoba, mozo, arrea, arrejuntarse... A las mujeres se les llamaban con diminutos, aunque fueran mayores: Rosita, Teresita, Maripili, Sole...
Muchos guionistas perciben que antes había más riqueza en el lenguaje. Pero lo cuestiona el director del diccionario histórico de la Real Academia Española (RAE) y catedrático de la Universidad Carlos III, José María Pascual: "No es cierto que se hablara mejor antes. En todas las épocas ha salido alguien diciendo ¡qué mal se habla! El propio don Quijote se queja en un fragmento de la obra de que la gente sólo lee lo fácil, lo comercial y Clarín, de lo mal que hablaban el pueblo y los políticos. De hecho, Clarín fue quien inventó 'palabro' para denominar una palabra mal dicha", recuerda este académico.
El catedrático hace un apunte final: "Los escritores no escribían como se hablaba. No conocemos realmente el léxico de la calle de otros siglos. Pero es atractivo que se recupere léxico pasivo a través de estas series".
miércoles, 19 de noviembre de 2008
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Ve y opina (Gracias Rossella) |
Titulo Original: We Feed The World
Género: Documental
Duración: 96 minutos
Año 2005
País: Austria
Fotografía: Erwin Wagenhofer
Música: Helmut Neugebauer
Guión: Erwin Wagenhofer
Director: Erwin Wagenhofer
Intérpretes: Jean Ziegler, Peter Brabeck, Karl Otrok
viernes, 14 de noviembre de 2008
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En boca cerrada.... |
He escogido esta imagen porque me resulta muy interesante. Me recuerda a la censura, que en cierto sentido afecta a todo el mundo. Pensamos que vivimos en un estado democrático y que podemos decir todo lo que queremos.
Sin embargo, la realidad es otra. En realidad la censura como tal no existe, pero existe la moral o la cultura que no nos permite expresar siempre lo que pensamos.
Una lengua cerrada con una cremallera significa esto: que en este mundo no hay la libertad de expresión. Aunque vivimos en un mundo libre, tenemos que pensar lo que decimos para no hacer el ridículo o para que otros no nos miren mal.
Recapitulando, en verdad no somos libres, nuestra cultura nos obliga a clasificar nuestra letra.
Magdalena Rosiak, 2º Avanzado (imagen de Internet)
lunes, 10 de noviembre de 2008
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De lenguas y labias |
El interés por el país y el bienestar de sus habitantes pasa a segundo plano. Parece que la mayoría vela más por su propio interés que por el "pueblo", de ahí tantas contradicciones y promesas falsas.
Y hablando de las promesas falsas es inevitable pasar a la imagen 377 y usar la palabra DINERO.Pero seguimos con los políticos, porque el país somos todos nosotros, el PUEBLO y la GENTE y somos nosotros los que deberíamos tomar ejemplo de esta imagen y perseguir para castigar a todos los proveedores de esas promesas falsas que tantas ilusiones nos han quitado.
Jana Tomenkova, 2º Avanzado (Imágenes de Internet)
miércoles, 5 de noviembre de 2008
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Qué cuenta como una vida |
Actividad cultural
18.30 h. centro cívico del antiguo sanatorio, S/N en Puerto de Sagunto
Taller de Debate y Presentación del libro:
Qué cuenta como una vida de Elvira Burgos, profesora de Filosofía de la Universidad de Zaragoza.






